Haimar Zubeldia: "El Tour más duro, el que no corrí", CICLISTA DEL RADIOSHACK

Zubeldia se convierte en el ciclista vasco que más Tours ha acabado, once, uno más que Miguel Indurain, con el que comparte récord de participaciones, doce

ALAIN LAISEKA - Lunes, 22 de Julio de 2013 - Actualizado a las 06:09h
Haimar Zubeldia ya es el corredor vasco que más Tours ha completado, un total de once.

PARÍS. Llega París y la hija mayor de Haimar Zubeldia, que va comprendiendo de qué va todo esto, sabe ya que es el día en que ve la Torre Eiffel y que, también, toca ya que aita vuelva a casa. Ha sido así siempre desde antes de que ella naciera, desde 2001, el año que debutó en el Tour con Euskaltel-Euskadi. Desde ese momento le embrujó la carrera francesa. 12 años después, ese encanto no ha perdido fuerza. Haimar sigue enganchado al Tour, la carrera que ha corrido doce veces, tantas como Indurain, y ha acabado, con la de ayer, en once ocasiones, una más que el campeón navarro y más que ningún otro ciclista vasco. Dice, además, que no es la última, que volverá. "Aunque soy consciente que los Tours que me quedan los cuento con los dedos de una mano".

Lleva una vida en el Tour.

A veces miro para atrás y me acuerdo del primero (2001), de lo bonito que fue todo aquello de los Pirineos y Laiseka. Y voy repasando los años y recuerdo las cosas que me han pasado en esta carrera, que ha habido de todo como en la vida, y cuando acabo el viaje me queda la sensación de que el tiempo pasa muy rápido. De que todo eso que he vivido queda ya muy lejos. Cuando corrí el primer Tour no tenía una familia y ahora tengo dos niñas. La pequeña no porque tiene solo dos años, pero la mayor es incluso consciente de lo que es el Tour. Sabe que acaba en París.

¿Qué es París para su hija?

Lo relaciona con la Torre Eiffel y con que aita vuelve a casa.

¿Y para usted?

Es la ciudad a la que siempre vuelvo y en la que me ha tocado vivir de todo. Momentos buenos como aquel 2003 maravilloso en el que Iban y yo luchamos por el podio y otros de los que no guardo tan buen recuerdo. El año pasado, por ejemplo, fue uno de los buenos porque me volví a sentir importante en el Tour y estaba delante otra vez después de cambiar mi rol en el ciclismo y pasar de Euskaltel a otro equipo. Y este, pues no ha sido bueno. No tuve suerte con la caída (se fracturó un dedo en la primera semana) y me ha tocado sufrir, sobre todo en las bajadas, porque me dolía. Pero he querido seguir hasta el final. No era mi Tour, pero no quería hacer lo más fácil e irme para casa.

El día que se fracturó el dedo decía usted que uno no se retiraba tan fácilmente del Tour. ¿Qué le impide hacerlo?

Es que solo yo y los más cercanos, mi familia y amigos, saben lo que trabajo cada año para llegar al Tour. Son meses de esfuerzo y sacrificio, de soledad en muchos casos y horas y horas de bicicleta. Por eso digo que no es tan fácil irse para casa en esta carrera.

Una vez se retiró, en 2004.

Es cierto. Fue un año complicado porque en 2003 nos salieron las cosas tan bien a Iban y a mí que nos marcamos unos objetivos demasiado altos. Se hablaba del podio como si tal cosa, incluso de ganarle el Tour a Armstrong. Fue una locura. Por eso fue más duro comprobar que no iba a ser así, que ese Tour no iba a ser como el anterior y que nos tocaba sufrir lejos de los primeros. Y sí, me retiré. No resultó fácil y no guardo un buen recuerdo de aquello. No se me olvida el lugar exacto en el que me bajé. Fue después de descender el Aspet. Este año hemos pasado por ahí.

Y una vez no corrió, en 2010.

Fue el Tour más duro. En casa (por una lesión), me sentí impotente.

¿No consigue borrar los malos recuerdos en el Tour?

No es que no los consiga borrar, pero están ahí. Lo que pasa es que las cosas buenas que te pasan en esta carrera, muchas o pocas, suplen con creces todo lo demás.

¿Qué le debe al Tour?

No sé, mucho. Es la carrera por la que siento que todo esto ha merecido y merece la pena. Lo más importante que he conseguido como ciclista lo he conseguido aquí.

¿Qué le ha enseñado el Tour?

El Tour es la supervivencia. Hay que aprender a vivir día a día y a ser constante.

¿Y a sufrir?

También. Te enseña a ser equilibrado. Lo que duelen son las piernas, pero el que sufre es el cerebro. No hay ninguna carrera en la que uno sienta tanto cansancio como en esta, pero ese sufrimiento lo vas asimilando con el tiempo. Aprendes a superar el agotamiento, a ser más fuerte que el dolor o a soportarlo. En el Tour llegamos muchas veces al límite del sufrimiento. Y en algunas ocasiones, incluso lo superamos.

¿Recuerda cuándo?

No sé decirte, pero sí te digo que este año tras la etapa de Alpe d'Huez me fui a la cama realmente cansado. De verdad te digo que al final me duelen más las piernas que la fractura del dedo.

¿Psicológicamente el Tour es una tortura?

Es lo que te digo. Mentalmente tienes que saber controlar tu cuerpo y el dolor. Pero a veces te supera. El día después de la caída lo que más me costaba soportar era el golpe mental. Psicológicamente estaba tocado por todo lo que suponía esa situación, estar al borde del abandono y tirar por la borda todo el trabajo que había hecho para estar bien en el Tour.

Y pese a ello, volverá.

Claro. El año que viene. Ya estoy pensando en ello aunque esta temporada todavía me faltan cosas por hacer (correrá este sábado la Clásica de Donostia y luego, en agosto, la Vuelta). Me queda algún Tour por delante, pero soy consciente de que los que me quedan los cuento ya con los dedos de una mano.

Fuente: www.deia.com