11ª ETAPA Sky a los mandos del Tour

El grupo de favoritos, con Chris Froome en los puestos de cabeza, asciende el mítico Tourmalet ante una enorme expectación. | Reuters

Rafal Majka, del Tinkoof, culminó una escapada de 122 kilómetros con una victoria en Cauterets. La etapa fue plácida para Chris Froome, que no recibió ataques.


Juanma Trueba
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La presencia del Tourmalet (“vuelta mala”) nos excitó la imaginación; la carrera nos devolvió a la realidad. Nadie atacó a Froome en la segunda etapa pirenaica. Sus adversarios estaban ocupados tanteándose el esqueleto después de la paliza del día anterior. En esta ocasión, el triunfo era llegar en compañía del monstruo, viajar junto a él sin ser devorado.

Solemos decir (generalmente para animarnos) que la venganza es un plato que se sirve frío. Curiosamente, quien peor lo entendió fue el siciliano Nibali. El italiano fue instigado por su rabia y vencido por sus piernas. En plena subida al Tourmalet desplegó a su equipo en posición de ataque. Sus compañeros aceleraron el ritmo y pusieron en peligro la fuga que abría carrera. El problema (uno entre mil) es que sus compañeros eran pocos. De modo que, fundido Kangert, Nibali se quedó en cabeza del grupo, con demasiados kilómetros por delante y algo confuso, hasta que desistió. Como acto de valentía había sido impecable; como estrategia militar, penosa.

Nibali, abrumado, tampoco atacó en el descenso. Nadie lo hizo a excepción de unas hermosas vacas brunas (unos 500 kilos por ejemplar), que decidieron cruzar la carretera al paso de los ciclistas (90 kilómetros por hora). Barguil fue quien más cerca estuvo de tatuarse en el lomo de una vaca, lo que hubiera sido un triste destino para el maltrecho ciclismo francés. Pinot, Bardet y Péraud pasaron por allí cuando las vacas ya cenaban plácidamente en sus establos.

Fuente: www.as.com