El mismo día en que se celebraban 45 años de la victoria de Luis Ocaña en Puy de Dôme, en el Tour de 1971, en la que levantó los brazos por delante de Zoetemelk, Agostinho y Merckx, la edición número 103 de la carrera francesa afrontaba la etapa más larga de este año: 237 killómetros. Por suerte, las condiciones climatológicas respetaron a los ciclistas que tomaron la salida desde Saumur, en la región de Países del Loira.
La escapada del día tardó en formarse, merced a la pelea por meterse en ella. Finalmente, fueron Gougeard, Naesen, Schillinger y el guipuzcoano Markel Irizar los que lograron desligarse del grupo principal. El cuarteto llegó a tener una diferencia máxima de siete minutos.
Llegados a los últimos 50 kilómetros, la ventaja comenzó a disminuir a pasos agigantados gracias al empuje de Etixx y Tinkoff. Sabían que era el día del esprínter germano. Katusha también tomó parte en las labores de caza, en el mismo día en que Kristoff cumplía 29 años.
Una llegada con trampa
El joven Alexis Gougeard fue el primero en descolgarse de la escapada y, a falta de 8 kilómetros, el resto de fugados fueron absorbidos por el pelotón. A partir de ese instante, los favoritos a la victoria final tomaron las primera posiciones del gran grupo para evitar cualquier tipo de percance.
Todo estaba presto y dispuesto para ver otra batalla entre los grandes velocistas. Sin embargo, aún debían superar el último repecho en Limoges, previo a la llegada. La rampa, que alcanzaba casi el 5%, sirvió para dejar en primera línea de batalla a los más fuertes.
Así, Kittel logró imponerse a Coquard y Sagan (que continúa líder), a pesar de la tendencia ascendente del francés de Direct Énergie. Por su parte, Froome, Quintana y Contador entraron sin problemas con el pelotón, ya con la vista puesta en la etapa de mañana.
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