Miguel Indurain Larraya nació el 16 de julio de 1964,
una fecha que, anualmente, relacionamos con el Tour de Francia. Sí, esa
prueba con la que el navarro estableció un pacto de ayuda mutua.
Miguel, segundo de cinco hermanos de una familia muy ligada al ciclismo,
comenzó a dar sus primeras pedaladas entre Villava y Alzórriz con tan solo nueve años, cuando ya era capaz de cubrir más de 20 kilómetros sin detenerse. A los 11 años, y tras el robo de la que fue su primera bicicleta gracias a un regalo de su padre, dispuso de su primer velocípedo de carreras. Corría el año 1975 y Miguelón ya comenzaba a forjar su leyenda triunfando en competiciones menores.
Sus primeros Juegos Olímpicos
En sus ocho temporadas como amateur, Indurain consiguió multitud de victorias, aunque varios ojeadores señalaban la montaña como el principal talón de Aquiles
del navarro. Nada más lejos de la realidad. Poco antes de firmar su
primer contrato profesional (pasó a profesionales en septiembre de
1984), fue seleccionado para correr la prueba en ruta de los Juegos
Olímpicos de Los Ángeles, carrera que no terminó pero que le sirvió para
comprobar que el Olimpo del ciclismo tenía un sitio reservado para él.
Sus comienzos en el profesionalismo
Acto seguido, estampó su firma en el contrato ofrecido por el equipo Reynolds (estructura que hoy en día se corresponde con el conjunto Movistar Team) el 7 de septiembre de 1984,
con el objetivo de disputar una de las citas más importantes para las
jóvenes promesas de este deporte: el Tour del Porvenir. Después de dar
buena cuenta del talento que guardaba en sus piernas, Indurain se impuso
en la décima etapa, aunque no logró completar la ronda francesa.
En los siguientes años, las dudas comenzaron a sobrevolar el futuro del español ante la falta de resultados. Los fantasmas del pasado, que dibujaban un devenir poco próspero para el de Villava, rondaron su mente, acuciados por repetidos episodios de alergia y problemas respiratorios que provocaron un descenso considerable de su rendimiento en la época primaveral.
Su época dorada
Afortunadamente, todo quedó en un quizá.
Tras un breve periodo de aclimatación y un trabajo psicológico enorme,
Indurain inició su glorioso camino amarillo en el verano de 1991,
extendiéndose hasta 1995. En total, cinco Tours de Francia, un reinado sólo al alcance de Jacques Anquetil, Eddy Merckx y Bernard Hinault. Además, el ciclista del ya denominado Banesto se adjudicó dos Giros de Italia
(1992 y 1993), un ejemplo más de la versatilidad del corredor navarro.
Indurain sacaba una ventaja terrible en las cronos y la suministraba a
la perfección cuando la carretera se empinaba. Un superclase.
La retirada de un mito
La de 1996 fue la duodécima temporada de Indurain como profesional y, a su vez, la última. Aquella temporada, la victoria en su carrera predilecta cayó en manos del danés Bjarne Riis. Por ello, el Extraterreste (pseudónimo que se le atribuyó al navarro en repetidas ocasiones) optó por resarcirse en los Juegos Olímpicos de Atlanta, en los cuales obtendría la presea dorada en la prueba contrarreloj por delante del también español Abraham Olano. Sin duda, una jornada histórica para el ciclismo nacional.
El 20 de septiembre de esa misma campaña, se escribiría el epílogo de esta maravillosa historia. En la decimotercera etapa de la Vuelta a España, la Grande que nunca consiguió ganar, Miguelón se bajaría de la bicicleta camino de los Lagos de Covadonga a causa del cansancio físico extremo. Sólo los intereses comerciales le habían llevada hasta la salida de aquella Vuelta. El 2 de enero de 1997, en una rueda de prensa ofrecida en Pamplona, Indurain anunció públicamente su retirada. Se acababa el ciclista, comenzaba la leyenda.
Fuente: http://elmaillot.es
