EFE
Juan Gutiérrez Blog Seguir
Actualizado a las: 14 julio 2017 20:37h CEST
Barguil ganó la etapa en los Pirineos a Nairo y al madrileño. El vasco ascendió al quinto puesto de la general a 1:09, pero Froome no pierde galones.
Juan Gutiérrez Blog Seguir Actualizado a las: 14 julio 2017 20:37h CEST
El Sky soltó el ramal a Mikel Landa. No del todo, porque el final de etapa demostró que Chris Froome sigue siendo el jefe indiscutible. Pero sí lo suficiente para crear inquietud en Fabio Aru y para destapar la debilidad de su escuadra.
El vasco se escapó con Alberto Contador, que volvió a sacar la casta,
ese espíritu indomable que no le permite rendirse, y llegó a rozar el
maillot amarillo virtual. Un escenario ideal que se degradó en la meta
de Foix. Por un lado, porque en la última subida se les unieron Nairo
Quintana y Warren Barguil, que se llevó la victoria. Por otro, porque el despertar de los gallos redujo la ventaja. Aun así, Landa ascendió a la quinta plaza de la general, a 1:09.
Ahora
el equipo británico tiene dos bazas, aunque, por lo visto, sólo un
líder. Podríamos ilusionarnos con lo contrario, pero cuando ves a Froome apretar sin control en el grupo perseguidor, a la par que lo hacía Landa en cabeza, no queda duda de que los galones continúan en los mismos hombros.
Se subían tres puertos de primera en sólo 101 kilómetros. Un recorrido eléctrico para explotar la valentía y la imaginación. Contador saltó al final del primer puerto, el Latrape, y Landa se pegó a su rueda
con una consigna: hay que desarmar al Astana de Aru, hay que crear
inseguridades en el maillot amarillo. El Sky se eleva como el equipo más
fuerte del Tour y es bueno que lo demuestre con estrategias variadas,
no sólo tirando del tren.
Las razones de Alberto Contador eran diferentes: buscar su día de gloria y un desquite a tantos sinsabores. Nairo Quintana debió pensar lo mismo cuando mandó a su compatriota Betancur que le lanzara en el Agnes.
Con él se destacaron el maillot de lunares, Barguil; otro ilustre del
Sky, Kwiatkowski, y un gregario de Bardet, Vuillermoz, aunque estos dos
acabarían descolgados. El equipo británico mandaba soldados al frente de
la batalla. Faltaba por saber quién era el general: Landa o Froome. Ya
lo saben.
En el grupo de oficiales, Bardet forzó en ese descenso y Froome enlazó rápido con ganas de aliarse. Hacía tiempo que Aru iba solo, sin compañeros que le echaran un cable, y tenía que responder en primera persona a estas provocaciones. No se dejó sorprender.
Contador y Landa iniciaron el último puerto, el Mur de Péguére, con 2:30 minutos sobre los gallos. En armonía y colaboración. El vasco se había llevado una bronca el día anterior por descuidar a su jefe, pero este viernes tenía el semáforo en verde. Estaba a 2:55 en la general. Rozaba el amarillo. En esta situación se abría un interrogante táctico: ¿sería bueno esperar a los perseguidores para abrir más trecho? Seguramente Contador no quería verlos ni en pintura. Demasiados para una sola tarta. Pero llegaron Nairo y Barguil, con los dientes afilados.
Casi al unísono, Froome saltó por detrás. Dos veces. En unas imágenes
anteriores, en una aceleración de Dan Martin, parecía que el africano
iba tocado. Un espejismo. También lo probó en la bajada. Por tierra, mar
y aire. No logró irse. A partir de ahí llegó un enorme error de estrategia del Sky. Froome tiraba y tiraba, sin control. ¿A por quién?
¿A por Landa? Una vez que no había podido descolgar al líder, ¿por qué
no dejó la tostada a Aru? Una etapa bien planteada por los británicos se
quedó en el perro del hortelano: ni como, ni dejo.
Y sin comer acabaron también Contador y Nairo, que se jugaron la etapa con un fino cazador: Warren Barguil. Su entrada en la meta fue apoteósica. Era 14 de julio: el Día Nacional de Francia.
Fuente:www.as.com

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