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El doble campeón mundial se impuso a Matthews en la primera llegada en repecho. El español respondió fugazmente a un ataque del australiano.
Juan Gutiérrez Blog Seguir ACTUALIZADO: 3 julio 2017 18:30h CEST
El show de Peter Sagan comenzó en la
tercera etapa, en el primer final en rampa. Era una llegada propicia
para clasicómanos, para finalizadores en subida, eso que últimamente se
ha dado por llamar 'uphill finishers'. El eslovaco no dejó escapar la
ocasión. Y eso que se le salió un pie del pedal en pleno sprint.
El
doble campeón del mundo se impuso a Michael Matthews y Dan Martin, dos
corredores del mismo corte en este tipo de metas. Durante la ascensión
asomaron dos líderes: Alberto Contador respondió a un ataque de Richie Porte, pero ambos se apearon pronto. Geraint Thomas sigue con el maillot amarillo, aunque hay novedad en su cogote: Chris Froome ya ocupa la segunda plaza, a 12 segundos de su compatriota y compañero.
Entre
risas, Sagan explicó tras cruzar la meta que cometió dos errores. El
primero, lanzar el sprint demasiado lejos: tuvo que contenerse. Y el
segundo, cuando se le salió un pedal en pleno sprint: tuvo que colocar
rápidamente su pie izquierdo para continuar su asalto. El chiste es fácil: ‘Sagan ganó con una pata’. La Cota de los Religiosos, en Longwy, era una llegada apta para su perfil: 1,6 kilómetros al 5,8% con una pendiente al 11%.
De paso logró su octava victoria en el Tour y comenzó con poderío su
abordaje a su sexto maillot verde consecutivo, una gesta que sólo ha
logrado un corredor antes: el alemán Erik Zabel (1991-2001).
En la parte más dura demarró uno de los gallos: Richie Porte. Detrás apareció Alberto Contador,
que asomó por primera vez en cabeza en este Tour. No duró mucho, porque
se desfondó. La iniciativa tampoco tenía aspecto de triunfar, como se
demostró después. El australiano también sucumbió y dio paso a los amos
de las clásicas. Hay ganas de Porte, muchas ganas. Y una buena actitud de Contador.
En ese río revuelto, sin embargo, salió más favorecido Froome, que ha
cribado la general y ya se ha aupado a la segunda plaza del podio.
Los rescoldos de la contrarreloj
Dos días después de la contrarreloj, los rescoldos aún
permanecían al rojo vivo. Por un lado, en el Hospital Universitario de
Düsseldorf, donde siguen ingresados Ion Izagirre y Alejandro Valverde. El vasco fue intervenido este lunes de dos vértebras lumbares fracturadas. En la habitación contigua, el murciano colgaba un optimista vídeo
en las redes sociales para comunicar que ya había comenzado con la
recuperación de su rótula. Ambos dicen adiós a la temporada. El ciclismo
les espera. Este lunes ya se les echó mucho en falta.
Por otro, el diario L’Équipe llegaba a los quioscos con una portada que cuestionaba la limpieza del Sky y, en consecuencia, de Froome. ‘Exceso de velocidad’, decía el titular, en referencia a una polémica que ya había sido resuelta el día anterior por el jurado en favor del equipo británico. El BMC y el FDJ habían denunciado el uso en el buzo de un material textil, el vortex,
que beneficia la penetración del aire en torno a un 7 por ciento. La
resolución parece clara.
No está prohibido en el reglamento, así que el
Sky no ha cometido ninguna infracción y puede utilizarlo. Igual que los
demás. Si se prohíbe en el futuro, será la UCI quien tenga la última
palabra, como ocurrió por ejemplo en natación con aquellos bañadores
mágicos que batían récords a gogó. La evolución tecnológica, siempre
dentro de la ética, no está reñida con el ciclismo. Al revés. O si no
que le pregunten a Greg LeMond, cuando sacó aquel manillar de triatlón
para ganar el Tour de 1989 por sólo 8 segundos.
Quien no sabemos si utiliza también ese material, o directamente una capa de Superman, es Adam Hansen. Que se metiera en la escapada del día no tiene nada de peculiar, salvo si añadimos que el australiano corre su 18ª gran vuelta por etapas consecutiva.
Ha acabado las 17 anteriores, incluso con victorias de etapa: una en el
Giro 2013 y otra en la Vuelta 2014. Le falta el Tour. En ello está.
Hansen entró en la fuga con Politt, Sicard,
Brown, Backaert y Hardy. Sólo este último sobrevivió después en el
grupo cuando llegaron tres nuevos visitantes: De Gendt, Calmejane y
Périchon. La etapa discurrió por un terreno quebrado, con dos cotas de
tercera categoría y tres de cuarta. Y pasó por tres países:
se salió de Bélgica, en concreto de Verviers, la localidad natal de
Philippe Gilbert; se atravesó Luxemburgo durante 130 kilómetros y se
terminó en Francia. Al fin en Francia.
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